lunes, 25 de marzo de 2013

LA FLECHA DE ARENA

Existen lugares a los que volvemos.

También existen personas con las que compartirlos, pues de no ser así, no volveríamos. 

De la reunión de ambos, surgen los momentos inolvidables, esos que nos hacen volver y compartir. Momentos en los que se crea una atmósfera densa que lo bendice todo y a todos. 

Y la calma te cala los huesos. Y hablamos, y nos descarnamos, y lloramos y reímos; todo muy intensamente. Con la guardia baja, porque nos sentimos a salvo; y de hecho lo estamos. 


“Ningún miserable consigue llegar
a la orilla de los consagrados, 
por el mar calmado” 

Existen lugares que conforman nuestro paisaje, que se convierten en una parte esencial y vital de nosotros mismos. Lugares que nos ayudan a recordar a quienes siempre nos han acompañado. 

Y te das cuenta de que no los concibes sin su presencia, y descubres que ellos son el lugar y el lugar son ellos mismos. 

El lugar al que yo vuelvo lo tiene todo; luz, aire, agua, alimento, arena, sosiego… pero sobre todo las tiene a ellas. 

Si no fuera así, no volvería. Y vuelvo ansioso por mirar atrás, y allí recordar lo vivido allí, y contemplar con nostalgia y satisfecho el paso del tiempo.

“Nuestros años van quedando detrás, 
agotados como nuestros pasos, 
descalzos, mojados en la flecha de arena” 

Y cuando allí levanto los brazos recogiendo brisa, alcanzo la gloria; en todos y cada uno de sus trece sentidos.

AQUÍ DEJO MI ÚLTIMA CANCIÓN. Se titula "La flecha de arena", y trata sobre ese lugar al que por fin vuelvo. 

Para escucharla pasa el cursor por encima de la imagen y "dale al play" (al triangulito negro).