miércoles, 6 de febrero de 2013

Zombies

Aunque torpe, lento y sin inteligencia en absoluto, el zombi, en los momentos de confusión, se las apaña para alcanzar a su víctima fácilmente. Es capaz de aprovechar cualquier descuido de ésta para poder alimentarse de su carne.

La carne de la que se alimentan los zombis siempre es humana. Nunca verás a un zombi comiendo perro, gato, rata o cualquier otro ser vivo, no. Siempre se alimentan de aquellos que aún mantienen un mínimo de independencia y criterio para dirigir sus vidas. Es como si les jodiera ver que otros gozan de cualidades y aptitudes  que ellos ya no tienen -o que quizás nunca tuvieron-.

La zona de influencia de un zombi es muy pequeña, es capaz de permanecer inmóvil sobre una baldosa, días enteros sin hacer absolutamente nada –le da lo mismo-. Solamente, la mínima posibilidad de poder acercarse a algún humano (que, por descuido o ingenuidad, se encuentre en sus inmediaciones) le impulsa a realizar algún movimiento.

Su olor es nauseabundo, pero tienen muy buen olfato. Huelen la carne humana a centenares de metros y una vez que la huelen, comienzan a avanzar hacia su presa despacio, muy despacio, no importa lo rápido que huya el humano. Son muy pertinaces y ello provoca tal extenuación en sus perseguidos que al final casi siempre consiguen “lo suyo”.

Como es lógico, ignoran el olor a putrefacción de sus semejantes.

No se tiene certeza sobre su capacidad auditiva, aunque hay quienes aseguran que oyen absolutamente todo; lo que sí está del todo comprobado es que nunca se comunican.

El cansancio, la ingenuidad o el descuido humano son las únicas tres circunstancias que permiten al zombi saciar su apetito.

Un apetito constante, eterno. Siempre que haya humanos a su lado, el zombi querrá comérselos, le da igual cuántos sean; él los quiere todos, termina con uno y empieza con otro.

Se suelen desplazar en grupos y están por todas partes, por eso es imperativo mantenerse alerta ya que en cualquier momento podemos ser presa de sus dentelladas; no olvidemos que ellos son lo que son porque también fueron víctimas de otras mordeduras.

El objetivo sólo es uno: evitar por todos los medios convertirse en uno de ellos.




Como habéis comprobado, hoy la cosa no iba de música