miércoles, 22 de febrero de 2012

CUANDO LA MISERIA DECIDE TOCARTE

Cuando la miseria se te acerca por la espalda (que es como se te acerca la miseria)  y decide tocarte, y te vuelves para verla de frente, y la reconoces, y le dices "ah!, eres tú"; en ese preciso instante, más que nunca, debes hacer un repaso de tu lista de principios. Pero debes ser muy minucioso, busca aquel que dice "nunca hay que acercarse por la espalda", en ninguna circunstancia y si te consta como cumplido siempre, siéntete, ahora más que nunca, orgulloso. Y júrate a ti mismo que seguirás cumpliendo ese principio, para que siempre que se te acerque la miseria por la espalda (que es como se te acerca la miseria) te sientas igual de orgulloso. Y así te mantendrás en pie por muchas veces que ésta te toque.


Cuando la miseria decide que eres molesto y te señala para ser apartado de su camino; y la reconoces, y le dices "ah!, eres tú", en ese preciso instante, más que nunca, no desfallezcas, haz un repaso del camino recorrido. Pero debes ser muy minucioso, recuerda cada gota de sudor derramada, cada herida sufrida, cada triunfo celebrado, rememora el tiempo y lo vivido, y si descubres que has llegado hasta tan lejos por tus propios pies a pesar de los obstáculos, siéntete, ahora más que nunca, orgulloso. Y júrate a ti mismo que no desfallecerás jamás cuando la miseria decida nuevamente imponer sus manos sobre ti para apartarte de su camino. Y celebrarás siempre ese momento como un nuevo triunfo.


Cuando la miseria decide acabar contigo, rodeándote (que es como la miseria acaba contigo) e impregnándote de su hediondo olor de hombre putrefacto, y te sientes aislado, apestado, invisible, intocable; y la reconoces, y le dices "ah!, eres tú". En ese preciso instante, más que nunca, debes hacer un repaso de tu lista de amigos y recordarles. Y, aunque ahora les resultes invisible o intocable, recuerda también los buenos momentos junto a ellos, y los abrazos prolongados y siéntete orgulloso de haberlos tenido. Y júrate a ti mismo que continuarás ofreciendo un abrazo a aquel que se acerque a ti cuando la miseria decida rodearte para acabar contigo. Y así repelerás siempre ese hediondo olor a hombre putrefacto.













Pero cuando la miseria decida aniquilarte, lo hará dejándose caer sobre ti con todo su poder (que no es más que la dimensión que le proporciona su propia miseria y las miserias circundantes)  Y la reconoces, y le dices "ah!, eres tú". Cuando la miseria caiga sobre ti con toda su vasta acumulación de podredumbre y sin ninguna autoridad moral que le dé derecho a hacerlo (que así es como aniquila la miseria), en ese preciso instante, más que nunca, debes tomar consciencia de lo pequeño que eres y serás siempre; y debes recordar que lo que te engrandece y fortalece proviene de las cosas pequeñas y del amor que recibes de tus seres queridos, y siéntete, en ese momento más que nunca, orgulloso de ellos. Y júrate a ti mismo que continuarás fortaleciéndote del amor ajeno y nunca del propio. Y así ni sucumbirás al peso de la miseria ni te convertirás jamás en una enorme y miserable bola de mierda.

A mis hijas:
ESCUCHAR "La mota de polvo"

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