viernes, 9 de diciembre de 2011

SOPTIFY, y GOOGLE MAPS, SIN PIEDAD.


Imperdonable, lo sé. No hay disculpa para dilatar tanto este tiempo de silencio en este tipo de espacios. Os aseguro que era con buena intención; por vuestro bien. Manolo García canta en un verso “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”.


O bien la rabia, o bien la pena, es lo que en estas últimas semanas me tienen más ocupado. Y he preferido la templanza silenciosa al desbarre a gritos para sortear el momento.

Perder esa estabilidad que ha costado tanto conseguir, a mí me hace pasar de uno a otro estado con excesiva frecuencia, acudiendo a la pena como consuelo y a la rabia como lamento. En fin un desastre, un sentimiento de pérdida –otra vez- sólo superado gracias a la presencia, y apoyo (como ya es costumbre) de mis tres mujeres.

Ya hoy, he tenido que rematar con JM Serrat, del que sólo tolero dos discos. Y a por ellos he ido -sin dudar- en este día raro, urgando directamente en mi línea de flotación, emocional. 

Esa capacidad que tiene la música de hacerte añorar la nostalgia de tiempos pasados no la encuentro en ninguna otra cosa hecha por el hombre.

Los recuerdos de un ser querido que ya no está, me ayudan a esquivar cualquier agresión. Imaginármelo vivo en la actualidad, sus reacciones ante situaciones como las que estoy viviendo, o sus consejos, todavía me siguen sirviendo de consuelo.

Por aquí iba al cole
Oyendo “Mis gaviotas”,-la que fue mi favorita de JM Serrat, en mis 10, 11, 12 años-, me he roto de pena,  por que he sentido idéntica tristeza a la que sentía entonces cuando la oía de niño.
Mi casa en Galdácano,

“Son aquellas pequeñas cosas”, -y la capacidad de descubrirlas-, lo que me sostiene ahora mismo. Por supuesto mis tres mujeres siempre están detrás de estas.

Y en el “más difícil todavía” (como cuando los insectos se acercan excesivamente a la bombilla) he decidido pasarme al Harvest de Neil Young. Como para cerrar faena no está mal.

Es lo que tienen Spotify y Google Maps; que te hacen viajar en el tiempo sin ninguna piedad.

Una mala racha, “amiguitos”, serán las fechas.